Con el paso de los años, muchas rutinas cambian: los horarios se ajustan, las necesidades del cuerpo se transforman y, en muchos casos, el apetito disminuye. Para quienes acompañamos a personas mayores en su día a día, esta situación resulta familiar. De pronto, las comidas que antes eran momentos de disfrute se convierten en simples trámites o, directamente, en algo que se evita. La frase “no tengo hambre” se vuelve habitual.
La pérdida de apetito en personas mayores no es un tema menor. Puede tener múltiples causas —físicas, emocionales o sociales—, y si no se aborda adecuadamente, puede afectar de forma significativa a su salud y bienestar general.
En este artículo, te explicamos por qué ocurre, qué señales debes observar y cómo puedes ayudar a mejorar la alimentación en la vejez, especialmente si eres cuidador o tienes un familiar a tu cargo.
Principales causas de la pérdida de apetito en personas mayores
El envejecimiento conlleva una serie de transformaciones físicas, hormonales y emocionales que pueden influir directamente en el apetito. Algunas de las más habituales son:
- Cambios en el metabolismo: El cuerpo necesita menos energía a medida que se reduce la masa muscular y la actividad física, lo que lleva a una menor demanda calórica.
- Alteraciones en el gusto y el olfato: La pérdida progresiva de estos sentidos hace que la comida resulte menos atractiva o sabrosa.
- Problemas dentales o dificultad para masticar: Dolor, prótesis mal ajustadas o encías sensibles pueden hacer que comer sea incómodo.
- Medicación: Muchos tratamientos farmacológicos afectan el apetito o provocan náuseas, sequedad bucal o sensación de saciedad.
- Trastornos emocionales: La depresión, la ansiedad o el duelo pueden provocar una disminución del deseo de comer.
- Enfermedades crónicas: Patologías como el Alzheimer, el Parkinson o enfermedades digestivas pueden alterar la rutina alimentaria y el hambre.
Consecuencias de una alimentación insuficiente
No comer bien tiene un impacto directo en la salud física y emocional. En las personas mayores, una ingesta insuficiente puede derivar en:
- Pérdida de peso involuntaria
- Debilidad muscular y mayor riesgo de caídas
- Desnutrición y déficit de vitaminas
- Deterioro del sistema inmunológico
- Mayor fragilidad y menor calidad de vida
Por eso, es fundamental observar los hábitos alimentarios y actuar ante cualquier cambio sostenido. Como hablamos en este artículo, es importante establecer algunas estrategias para combatir la pérdida de apetito.
El papel de los cuidadores y el apoyo profesional
Desde SEPES, trabajamos de forma cercana con las personas mayores y sus familias para garantizar una alimentación adecuada, teniendo en cuenta sus gustos, necesidades médicas y circunstancias personales.
Algunas acciones que nuestros cuidadores implementan habitualmente son:
- Planificar comidas atractivas y fáciles de digerir, adaptadas a sus preferencias y capacidades.
- Ofrecer alimentos ricos en nutrientes en pequeñas porciones, varias veces al día.
- Acompañar durante las comidas, ya que muchas personas comen mejor si lo hacen en compañía.
- Observar cambios de conducta y comunicar cualquier alerta a familiares o profesionales de salud.
- Fomentar la hidratación constante, ya que la sensación de sed también suele disminuir con la edad.
Además, involucramos a la familia en el proceso, para que el entorno del adulto mayor refuerce hábitos saludables de manera amorosa y constante.
La pérdida de apetito en personas mayores es una realidad frecuente, pero no debe normalizarse sin entender sus causas. Estar atentos a estos cambios y abordarlos con cuidado puede marcar una gran diferencia en su bienestar.
En SEPES, estamos comprometidos con una atención domiciliaria integral, que incluye el acompañamiento en la alimentación y la promoción de hábitos saludables. Si un ser querido ha comenzado a comer menos y te preocupa su salud, estamos aquí para ayudarte con un equipo profesional, humano y cercano.




